Carlos Palacios despide a Roberto Jiménez

He pasado el día de hoy (30 de agosto 2024) con un enorme desasosiego. Una incomodidad alimentada de tristeza. Un vacío de golpe. No puedo creer que Ricardo Jiménez ya no esté entre nosotros. Si de alguien he aprendido a ver fotografía, ha sido gracias a él. Y no porque enseña como un maestro (que lo era, con sobradas razones). Jiménez enseñaba a ver, viendo. Cuando miraba algo -un libro, una foto, un momento- había que repetir su lección callada, descubrir lo que había en el mirar atento de Jiménez. Sin aspavientos ni arrogancias, casi como sin querer, Ricardo convertía lo que veía en un momento mágico. Quedan sus imágenes: un portento de pura visualidad. Lo importante de mirar y de saber mirar está en sus fotos, en los silencios de sus escenas y en los enigmas que proponen.

Su bonhomía, su ascetismo, su cordialidad, su generosidad, su sencillez y su sonrisa permanente está en la riqueza enorme de su obra fotográfica. Gracias Ricardo, gracias maestro.

Carlos E. Palacios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *