Javier Téllez (Valencia, 1964) ha sido distinguido con el Pérez Prize del Pérez Art Museum Miami (PAMM), un reconocimiento que destaca una trayectoria dedicada a interrogar los límites de la normalidad y a dar espacio a quienes han sido situados al margen. El premio, entregado en la gala Art of the Party el 15 de noviembre, incluye una beca de 50.000 dólares y refuerza la presencia del artista en un momento en el que su obra sigue entrando en diálogo con urgencias sociales contemporáneas.
“El Pérez Art Museum Miami tiene el honor de otorgar el Premio Pérez de este año a Javier Téllez, un artista cuya obra sigue ampliando nuestra forma de ver y cómo somos vistos”, expresó Franklin Sirmans, director del museo. Su comentario acompañó otra reflexión que resuena con el núcleo del trabajo de Téllez: “en un momento en el que las jerarquías son cada vez más rígidas y antagónicas, el uso que hace Téllez del ingenio, el humor y la imaginación nos desafía a ver de otra manera, a escuchar más profundamente y a crear un mundo más empático”.
Desde sus inicios, Téllez ha concebido su obra como un espacio donde las narrativas dominantes pueden ser cuestionadas a partir de la experiencia de quienes suelen quedar fuera de ellas. Hijo de psiquiatras, creció observando cómo se construyen las categorías de normalidad y patología, una dualidad que desde temprano se convirtió en una fuente de exploración estética. Esta perspectiva marcó su primera obra a gran escala, The Extraction of the Stone of Madness(1996), en la que recreó un dormitorio psiquiátrico dentro del Museo de Bellas Artes de Caracas mediante camas oxidadas, archivos clínicos y videorretratos de pacientes. El gesto puso en tensión el espacio del museo y la realidad de quienes viven bajo la lógica institucional del encierro.
A lo largo de su carrera, Téllez ha insistido en colaborar con comunidades segregadas por razones sociales, económicas o médicas. En Berlín, trabajó con pacientes de instituciones psiquiátricas para desarrollar Caligari and the Sleepwalker(2008), una investigación sobre hipnosis, representación y control inspirada en la película expresionista El gabinete del Dr. Caligari. Antes de eso, en 2005, llevó a cabo One Flew Over the Void (Bala perdida) en la frontera entre México y Estados Unidos, un proyecto que convirtió el límite geopolítico en una metáfora del tránsito, la expectativa y la fragilidad de las divisiones humanas.


Su obra más reciente, Amerika (2024), retoma estas preocupaciones desde la experiencia del éxodo venezolano. En Nueva York, Téllez trabajó junto a un grupo de migrantes que cruzó el Darién y que hoy enfrenta la compleja transición a una nueva vida. Los colaboradores —Andrea Arias, José Díaz, Luisandra Escalona, Leonardo Mesa, Nazareth Merentes, Jesús Ramírez, Omar Ríos y Mariana Vargas— participaron no solo como intérpretes, sino también como cocreadores del guion. El cortometraje, inspirado en obras de Charlie Chaplin como El emigrante, La quimera del oro, Tiempos modernos y El gran dictador, usa el humor y la ficción para hablar del desarraigo, el poder y el acto de rehacer una identidad en el tránsito.
El proyecto tomó elementos del vaudeville y del cine mudo para establecer un puente entre la figura del migrante del siglo XX y las realidades actuales. A través de escenas que reimaginan secuencias chaplinianas, Amerika explora cómo la vulnerabilidad de quienes llegan a un país desconocido expone los mecanismos de control social contemporáneos. Téllez y sus colaboradores construyeron un relato en el que la gravedad del desplazamiento convive con una necesidad persistente de comicidad y esperanza. La obra, además de acercarse a las tensiones migratorias recientes en Estados Unidos, señala los efectos del colapso sociopolítico venezolano y la persistencia del deseo de encontrar otro lugar posible.
En 2023, The New York Times dedicó una página completa a la instalación neoyorquina del proyecto, subrayando el modo en que Téllez transformaba testimonios duros en un lenguaje cargado de metáfora y colaboración artística.
Al revisar su trayectoria, este reconocimiento del PAMM se inscribe en una línea coherente. La institución destacó su empeño en cuestionar estructuras de poder, su manera de dar voz a comunidades marginadas y su capacidad de integrar disciplinas que van de la psiquiatría al cine. Para Téllez, la creación artística nunca ha sido solo una práctica formal, sino una forma de examinar cómo y por qué ciertas vidas quedan relegadas a la invisibilidad.
La obtención del Pérez Prize se suma a distinciones como la Beca Guggenheim de 1999 y el Global Mental Health Award otorgado por la Universidad de Columbia en 2016. Más que un punto de llegada, parece funcionar como una afirmación de que su obra sigue encontrando nuevas formas de interpelar la realidad social: a través del humor que revela, de la ficción que refleja y de la empatía que insiste en abrir espacio donde antes solo había distancia.




