Traemos para ustedes el discurso pronunciado por Ivanova Decán Gambus, presidente de la Academia Venezolana de Gastronomía, en el acto de grado del 2025 de los alumnos egresados del Instituto Superior Mariano Moreno, avalado por la Universidad Metropolitana.

Señoras y señores:
Por segunda vez tengo el honor de ofrecer unas palabras en la Universidad Metropolitana durante un acto vinculado a la gastronomía. La primera fue en junio del 2023 cuando se inauguró la Sala Armando Scannone, fundador de la Academia Venezolana de Gastronomía que actualmente me honro en presidir.
En aquella ocasión, hice un breve recorrido por distintas iniciativas que, en el ámbito gastronómico, habían tenido lugar en esta casa de estudios desde 2006 cuando se organizó el seminario de Didáctica de las artes culinarias, pasando por el primer congreso de gastronomía realizado en 2007 y de allí al año 2011 cuando se le concedió el doctorado honoris causa a Armando Scannone.
Considero importante recordar estos hechos porque, en un país de memoria corta y rápido olvido, la UNIMET -con sus 55 años de labor docente y un consolidado prestigio académico- avala la formación académica de los graduandos del Instituto Superior Mariano Moreno -escuela de gastronomía certificada por esta Universidad- quienes en esta ceremonia de hoy recibirán un diploma con el sello de la UNIMET, el cual entraña, más que un sentimiento de orgullo, un compromiso con la excelencia que debería signar el futuro profesional de cada uno de ellos.
Cuando Daniele Bonini me invitó a dirigirme a los estudiantes en este acto, me conmovió mucho saber que la Mariano Moreno también está de aniversario y cumple sus primeros 5 años en el país. Cabe resaltar que esta institución, cuya casa matriz está en Argentina, forma parte del programa piloto que la Academia Venezolana de Gastronomía ha creado recientemente para apoyar a las escuelas de cocina en la formación teórica y práctica de la culinaria venezolana. Tanto Daniele Bonini como Salvador Nunziata tienen muy claro que es tarea impostergable de toda institución docente dedicada a la gastronomía en Venezuela otorgarle importancia principal al estudio de la despensa y la cocina que nos identifica como país.
A estas alturas, cuando nuestros modos y sabores ante mesa y fogón han comenzado a viajar en el equipaje emocional de todos los que han partido; cuando la arepa se ha convertido en embajadora cultural en el extranjero adquiriendo significados que trascienden el ámbito culinario, es inaudito que los programas de la gran mayoría de las academias de gastronomía en el territorio nacional no incluyan a la cocina venezolana como materia primordial de estudio. Graduamos cocineros que saben preparar un risotto pero no saben qué es un pelao guayanés.
Valdría la pena recordar -aunque hoy nos parezca inconcebible- que hace apenas unas décadas, más de uno se preguntaba si existía una cocina venezolana… Es mucho lo que ha sucedido desde entonces, pero para seguir avanzando y asumir el futuro como debiéramos, es esencial cultivar y desarrollar nuestra memoria individual y colectiva, afianzando el conocimiento de lo que somos como sociedad, a partir de nuestras formas de alimentarnos. Por ello, en el contexto de las dinámicas de aprendizaje, la cocina y la despensa venezolanas reclaman su inclusión en los pensa de estudio de las instituciones dedicadas a la docencia gastronómica. Es necesario insistir en la importancia medular de estas materias de estudio como tarea pendiente e insoslayable.
La comida es una expresión cultural, un lenguaje que nos remite a una y a muchas realidades, y debemos prestarle atención más allá de consumirla para el sustento. Si la desconocemos, si no la preservamos ni la registramos, simplemente se quedará en las memorias individuales y, eventualmente, se perderá en el olvido, imposibilitando así su derecho a formar parte de nuestro patrimonio cultural intangible y asequible para todos: No hay educación si no se configura como lenguaje y no se realiza como diálogo.
Como muy lúcidamente afirmara Emilio Lledó, “Creo que los seres humanos son, fundamentalmente, memoria y lenguaje. Si no tuviéramos memoria, no sabríamos quiénes somos… tenemos que tener memoria no solo individual, sino también colectiva”. La cultura no es la existencia de lo que llamamos bienes culturales sino nuestra presencia ante ellos, nuestra posibilidad de ser alguien con la herencia recibida y sobre todo nuestra posibilidad de hacer algo con ella. Son ustedes, los graduandos de hoy, quienes asumen la responsabilidad de recoger este testigo y hacer lo mejor posible con lo que han recibido de quienes han modelado su formación. Confiamos en que así sea.
Muchas gracias.
Ivanova Decán Gambus
Caracas, 8 de noviembre de 2025
Paraninfo Universidad Metropolitana




