El arte venezolano pierde a una de sus voces más singulares con el fallecimiento de Vicente Antonorsi, arquitecto, escultor y creador de profundas resonancias con la naturaleza, cuya obra trazó un puente entre el rigor del diseño constructivo y la poesía de los materiales orgánicos.
Nacido en Caracas, Antonorsi comenzó sus estudios de arquitectura en 1969 en la Universidad de los Andes en Bogotá, donde egresó en 1978. Durante su paso por Colombia, también se formó en diseño textil y gráfico en la Universidad José Tadeo Lozano (1974), etapa en la que recibió clases de figuras determinantes como Olga de Amaral, José Antonio Roda, Carlos Rojas y Gerardo Carbonell, quienes influenciaron su mirada artística desde temprano.

Al regresar a Venezuela, se dedicó a la arquitectura y el diseño de mobiliario en los años 80, experiencia que marcó su posterior trayectoria plástica. A partir de los años 90, inició un camino de investigación en torno a materiales naturales y técnicas ancestrales como el bahareque, integrando el tejido vegetal y el barro con una sensibilidad que unía el arte, la tierra y el tiempo.
Su propuesta fue evolucionando hacia el trabajo con maderas industriales, en las que exploraba formas mínimas y volúmenes depurados, siempre rescatando la textura, veta y esencia del material. Posteriormente, incorporó elementos vegetales y orgánicos —espigas, semillas, piedras, plantas xerófilas— como metáfora de lo efímero y del paisaje que habita en el recuerdo, como lo expresó en exposiciones emblemáticas como Temporada (Sala Mendoza, 2001), donde convirtió la flora costera en lenguaje plástico.
Antonorsi desarrolló una poética del material, en la que lo vegetal y lo arquitectónico dialogaban, evocando la fragilidad del entorno natural frente a la estructura construida. Según la curadora Tahía Rivero, su obra “es un paisaje simbólico que evoca el paisaje que no vemos pero que recordamos”; para William Niño Araque, su trabajo planteaba un enfrentamiento entre la “naturaleza natural” y la “naturaleza histórica”, que permitía acceder a una contemplación serena y profundamente reflexiva.
A lo largo de su carrera, compartió la arquitectura y la escultura como espacios creativos complementarios. En 1986 fundó Añil Arquitectura, y desarrolló una prolífica labor artística con más de dieciséis exposiciones individuales tanto en Venezuela como en el exterior. Entre ellas destacan: Piedra, metal y madera (1998), Estructuras recientes (2005), Natural (San Francisco), Del cuadrado al cubo (Madrid, 2013), Angulares (Espacio Monitor, 2017) y Oblicuas (Imago Art in Action, Miami).
Su trabajo, vinculado a la tradición minimalista y constructivista, es hoy referencia ineludible para comprender el cruce entre arte, arquitectura y ecología en la plástica venezolana contemporánea.
Vicente Antonorsi deja un legado que se inscribe en la materia viva, en la geometría del paisaje y en la huella silenciosa de la contemplación. Su obra seguirá siendo un testimonio de cómo mirar, pensar y habitar el mundo desde el arte.
Aquí los mensajes de despedida a Vicente Antonorsi:




