José Pulido ha sido reconocido con dos galardones en Italia.

El periodista, escritor y poeta José Pulido (Villa de Cura, 1945), ahora residenciado en Italia, ha sido galardonado en Italia con el Premio Internacional de Poesía y Literatura y la Medalla del Presidente de la República Italiana.

En su larga trayectoria ha publicado los poemarios Esto (1971), Paralelo lelo (1971), Los poseídos (1999), Peregrino de vidrieras (2001), Duermevela (2004) y Heridas espaciales y mermelada casera (2019), y las novelas Muro de confesiones (1985), Pelo blanco (1987), Una mazurkita en La Mayor (1989), Los mágicos (1999), La canción del ciempiés (2004), El bululú de las ninfas (2007, II Premio Miguel Otero Silva de Novela), El requetemuerto (2012) y Ponzoña de paisaje (2015).

Pulido expresó que recibir este premio no solo representa un logro personal, sino también una forma de destacar la riqueza y el impacto de la literatura venezolana en el ámbito global.

La ceremonia de entrega de la Medalla del Presidente de la República (VerbumlandiArt) se celebró en el Centro PIME de Milán, y está dedicada este año a la paz y la legalidad.

A continuación, la reseña sobre el día de esta premiación, escrita por el propio galardonado:

SORPRESAS EN MILÁN

Cuando llegamos a Milán para asistir a la entrega de los premios Galateo, nos movimos por diversas calles bajo una lluvia constante que hacía más lento el tránsito en la ciudad. Fuimos con nuestra hija Gabriela y nuestra nieta Palomita. El teléfono iba diciendo la dirección. Una señorita invisible repetía «gire en la rotonda, siga derecho» y así logramos arribar al lugar del evento.

Al estar sentado en el teatro donde se llevaba a cabo la premiación todo era como un murmullo creciente: sentía que un público nos rodeaba y nosotros formábamos parte de un público que rodeaba a otros. Alguien se me acercó y me saludó diciendo de entrada: soy maracucho: era el joven fotógrafo Fernando David. Cuando escuché que dijo “soy maracucho” imaginé que el lago de Maracaibo estaba cerca. Y entonces dejé de imaginar porque en realidad todo parecía haberse juntado en aquel escenario: países, paisajes, personas de los cuatro puntos cardinales.

De pronto vi de espaldas la figura de una mujer que hablaba con Petra y me pareció conocida. Era Mataji Shaktiananda, mi querida hermana del alma, y con ella estaban su hijo Jorge, Daniela, Mirko, Anna, Juan Carlos, Manuel y Ramón Navarro quien llegó desde Ecuador para reseñar el acto. Me emocioné tanto que no podía ponerme de pie.

Y todo se volvió una emoción gigantesca y perfecta cuando en la premiación aparecieron en video con sus voces magníficas el poeta Edgar David Vidaurre Miranda, y las poetas Carmen Cristina Wolf, Yoyiana Ahumada Licea, Marisol Marrero Higuera y Farah Cisneros. El público presente aplaudió y nos acompañó en medio de una alegría que pareció de pronto una manera sentimental de cambiar y mejorar alguna pequeña parte del alma colectiva.

Luego, el poeta Luis Manuel Pimentel me llamó desde España para decirme que los migrantes somos una especie de vanguardia pero que estaba intentando entender por qué ocurría en esta época algo así en todo el planeta. No supe responder, pero también lo abracé, aunque fuera por teléfono.

Bueno: nos fuimos de Milán acompañados por el fraterno grupo de venezolanos, italianos y mexicanos, agradeciendo a Francesco Nigri y Hebe Muñoz por todo lo que han estado haciendo para difundir y respaldar la poesía y la escritura de Venezuela. Ambos son verdaderas inspiraciones de amor y amistad. Ambos forman parte de la familia que nos abraza en este otro continente.

José Pulido

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