Amigos lectores:
I.
El pasado 4 de junio, Roberto Briceño-León se incorporó a la Academia Nacional de Ciencias Económicas -ANCE-, donde ocupará el sillón número 3. Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales y un reconocido estudioso de la violencia, ese día leyó un resonante discurso en el que aporta datos y reflexión sobre las percepciones predominantes en la sociedad venezolana hacia la riqueza y los ricos. El revelador discurso se titula El amor al dinero y la riqueza. Los modelos de participación y el espíritu satisfacedor. Viene desplegado en las páginas 1, 2 y 3 de esta edición:
“Los científicos sociales buscamos conocer la realidad a partir de investigaciones de un momento histórico, pero, para poder tener certeza de la permanencia de esos patrones culturales, repetimos con los años las mismas mediciones para poder verificar si hay permanencia o cambios relevantes que puedan indicar la firmeza o la maleabilidad de algunas valoraciones culturales. Por eso realicé, a lo largo de 35 años, desde 1987 hasta el 2022, varias encuestas de población buscando conocer el sentido del trabajo y la riqueza de los venezolanos.
Lo primero que puedo destacar es que en esos 35 años encontré que las dos terceras partes de la población pensaban que la riqueza era buena, no era mala, sino que era buena. Solo entre 22% y un 33% estimaban que era mala. Así que no hay en Venezuela una concepción moralmente negativa de la riqueza”.
II.
He disfrutado cada frase de la crónica-ensayo de Federico Vegas, Crónicas de un comprador compulsivo, especialmente porque también pertenezco a la subclase de los compradores de libros. Y sé que muchos otros colegas del vicio de las estanterías y los mesones de las librerías se sentirán reivindicados en alguna medida, luego de leer el texto que viene en las páginas 4 y 5:
“Quizás lo que busco en las librerías es recrear aquel furor juvenil por absorberlo todo, el delirio de las primeras seducciones, el partir de la absoluta curiosidad. Ahora no me será tan fácil vivir aquellas fantásticas sorpresas. Pero suceden. No importa lo glotones que seamos o apertrechada que se encuentre nuestra biblioteca, siempre sentiremos un leve mareo ante una librería magnífica.
Y espero que este afán sea un mal incurable. Quiero pensar que mis compulsiones provienen de un vicio y no del simple placer de leer. La palabra “placer” se ha vuelto tan blanda, tan poco convincente. En estos tiempos de hedonismos el placer de leer ha pasado a ser un requisito tan indispensable como inadvertido: a nada invita y nada sugiere. Si se quiere extender a futuros lectores una invitación con verdadero gancho habría que sugerirles “El vicio de leer”.
III.
Rafael Arráiz Lucca debe ser el más prolífico de los escritores venezolanos de las últimas décadas. No conozco otro autor con el que puedan compararse sus 131 títulos publicados. Caso llamativo, no solo por la cantidad también por la diversidad de su producción: poesía, biografías, recopilación de ensayos, ensayos biográficos sobre artistas visuales, series de volúmenes sobre la historia política del país, historias de empresas o instituciones, libros para niños, compilaciones de artículos que reseñan viajes, guiones de cine y más, a lo que habría que sumar los programas de radio y televisión que protagoniza, los podcast, las presentaciones de libros de otros autores y más. Arráiz Lucca debe tener una máquina propia que fabrica tiempo: largas tiras de días o semanas, en los que no cesa de sumar libros.
IV.
Gerardo Vivas Pineda escribe sobre el más reciente título publicado por Arráiz Lucca, la biografía Simón Bolívar, triunfo y ocaso: “La novísima biografía consta de introducción y 33 capítulos, que promedian poco menos de 9 páginas de extensión cada uno en 294 páginas de texto, facilitando la lectura en manejable formato a octavo y encuadernación rústica. Pero no se llame a engaño el interesado: el autor no ha pretendido salir del paso cómodamente, abreviando contenidos. Por el contrario, ha concentrado sólo la esencia de la vida bolivariana exprimiendo 201 títulos incluidos en la bibliografía, además de apoyo documental, catálogos y otras fuentes monográficas. Tan sólo haber tragado las 2.933 páginas de las Obras Completas de Bolívar recopiladas por Vicente Lecuna en tres tomos, más los 33 volúmenes de las Memorias de Daniel Florencio O’Leary, asegura un conocimiento microscópico del Libertador registrado documentalmente”. Página 6.
V.
Las siguientes dos páginas traen un fragmento de la entrevista que Federico Pacanins le hizo al director musical Rodolfo Saglimbeni (1962-2025), incluida en el volumen Tropicalia caraqueña. Crónicas de música urbana del siglo XX (Fundación para la Cultura Urbana, 2005). Saglimbeni narra los hitos de su vida y de su visión de la música: “Con mi trompeta participé en una de las primeras formaciones de la Orquesta Nacional Juvenil. Fuimos para la Academia Internacional de verano de Niza en Francia. Nosotros unos chamos de quince, dieciséis años, con una chaperona que nos metía en el cuarto a las ocho y media de la noche, pero recibiendo el enorme beneficio de viajar, recibir cultura, ver a gente grande. Por efectos de la educación en la música vivimos cosas muy buenas, formativas a más no poder”. La entrevista completa está disponible en la sección Papel Literario en www.el-nacional.com.
VI.
El dilema del robot. Ética y legislación de la Inteligencia Artificial, artículo de Carlos Colina, viene en las páginas 9 y 10. Comienza así: “Desde hace unos pocos lustros comenzó un relevante proceso de mutación sociotécnica que el economista Klaus Schwab ha denominado cuarta revolución industrial. A diferencia de las anteriores transformaciones, esta no es lineal sino exponencial, y propulsa la imbricación e interacción de las tecnologías de los dominios físicos, digitales y biológicos. De esta manera, incluye innovaciones sin precedentes en la inteligencia artificial y el aprendizaje automatizado, la robótica, el internet de las cosas y de todo, el internet ubicuo y móvil, los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología y la biología sintética, la ciencia de materiales, los sensores, el big data, el almacenamiento de energía, el blockchain y la computación cuántica”.
VII.
Entrevisté a Carolina Acosta-Alzuru, escritora y destacada investigadora del fenómeno -ahora de carácter planetario- de las telenovelas:
“En Venezuela se hizo un catálogo de telenovelas muy variado. Hicimos telenovelas “rosa”, como “Esmeralda”. Son esas telenovelas clásicas cuyo modelo nos vino de Cuba y que han prevalecido en México. En ellas los personajes son maniqueos, hay Cenicientas, ciegas e inválidas que terminan recuperándose de esas condiciones, niños perdidos, intercambio de bebés, mansiones con una gran escalinata por la cual rodará algún personaje eventualmente y una representación binaria y limitante de la mujer: santa (la protagonista) o diabla (la antagonista).
Pero también hicimos las llamadas telenovelas “de ruptura” que han sido dominantes en Brasil y que rompen con uno, varios o todos los códigos clásicos. El epítome en Venezuela de este tipo de telenovela es “Por estas calles” donde la historia de amor fue relegada detrás de la crónica política diaria en la que se convirtió”.
Páginas 11 y 12.
VIII.
Como siempre dejo aquí mis buenos deseos para ustedes.
Nelson Rivera.




