George Galo presentó su ópera prima en el Festival de cine de Gerona: Sursum corda, amore.

A George Galo no le interesa separar las cosas. Su vida parece ocurrir entre líneas y encuadres, entre la palabra escrita y la imagen en movimiento. Poeta y cineasta, nacido en Caracas en 1995, Galo ha ido construyendo una obra que intenta responder, desde ambos lenguajes, a la misma pregunta: ¿cómo narrar lo invisible?

El primer libro de Galo, Ucronías, ficciones filosóficas (Eclepsidra, 2015), apareció cuando tenía apenas veinte años. Desde entonces, ha transitado con naturalidad del relato breve a la poesía, y de ahí al libreto. Su teatro musical, escrito en verso libre, se reúne bajo el título Teatro para ser cantado (Kalathos Ediciones, 2022), donde incluye obras como Melpómene (2017) y Disparatismo o cómo acabar con el arte (2019)

Los libretos parecen funcionar para Galo como una extensión de la poesía. No hay separación entre texto y música, solo la necesidad de encontrar un lenguaje que suene. Esa idea lo ha llevado a colaborar con el compositor colombiano Felipe Hoyos González y a fundar, junto a él, el colectivo escénico La Nueva Escena, dedicado al estreno de música lírica contemporánea en español.

En 2020, su poema Eros II obtuvo el segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas, uno de los certámenes que congregan la nueva generación de poetas venezolanos. La pieza, incluida luego en la antología de la Fundación La Poeteca, muestra una escritura donde la pasión se vuelve pensamiento, y el deseo, una forma de conocimiento.

En paralelo, Galo ha desarrollado una carrera en el cine. Formado como Realizador en la Escuela Nacional de Cine de Colombia, y con diplomados en guion y escritura creativa por la UCAB y la Pontificia Universidad Javeriana, se mueve entre la ficción, el documental y la exploración visual del lenguaje.

Su ópera prima, Sursum corda, amore (“Arriba los corazones”), acaba de ser presentado en el Festival de cine de Gerona-Cataluña, para empezar un recorrido internacional de @sursum_corda_film, que podrá ser visto desde cualquier lugar del mundo vía streaming, con excepción de Venezuela, donde será estrenado en salas de cine en los primeros meses del año 2026, en fechas y espacios que serán anunciados oportunamente.. En el filme, Galo asume múltiples roles: director, guionista, productor ejecutivo y actor. La cinta, de aproximadamente 127 minutos, cuenta con la participación de Lucía Luciana y Franci Careddu y un equipo encabezado por Rafael Lacau, Jaimar Marcano y Francesca Bocaranda.

Más que una historia lineal, el proyecto se presenta como un ensayo visual sobre la resistencia emocional, una extensión natural de los temas que el autor ya explora en su poesía: el amor como impulso vital, la búsqueda de sentido en medio del desgaste y la idea de que crear es también recordar. En ese marco, intenta comprender el ímpetu optimista de su anciana nonna, quien desde 1957 vivió en Venezuela. Juntos emprenden en el verano de 2016 un viaje a Italia, donde él le formula una pregunta esencial que atraviesa toda la obra: ¿volverías a migrar ante la tragedia que hoy vive Venezuela?

Desde 2018, Galo trabaja como Director de Proyectos en la editorial Proteo, mientras cursa estudios de Filosofía en la UNED de España. Su producción revela esa doble inquietud —creativa y reflexiva—: el arte no solo como representación, sino como un método de pensamiento.

Aunque vive fuera de Venezuela, su obra mantiene una relación constante con el país. Sus textos y películas no buscan describir el exilio, sino las huellas que deja. En su poesía aparecen ecos del paisaje urbano caraqueño y en su cine, una insistencia en la intimidad como territorio político.

Quizás por eso su generación lo observa con interés. G. Galo pertenece a ese grupo de creadores que, dispersos por el mundo, construyen un mapa alterno de la cultura venezolana contemporánea. Artistas que ya no piensan en términos de centro y periferia, sino de tránsito, diálogo y supervivencia.

Al final, lo que su obra propone —ya sea en un poema o en un plano cinematográfico— es una pregunta que suena antigua y nueva a la vez: ¿qué significa crear cuando todo parece desmoronarse? Su respuesta, hasta ahora, es seguir mirando.

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