Sonia Gonzalez y su Teatro NakuMx se despiden de Caracas.

Las funciones de Teatro NakuMx en Caracas pasaron rapidísimo y de pronto todo ha ocurrido casi casi como un sueño en mi mente. Gracias a Títeres Tuqueque regresé -cual extranjera- a mi país, guiada y consentida, con la certeza de la miel. Me sentí amada, bendecida, recordada, mimada, regalada… por tantos afectos. Una vida pasaba frente a mis ojos a cada instante, con el encuentro fugaz de cada abrazo. Hicimos además dos bellas jornadas de encuentro con los integrantes de Teatro Naku que están en Caracas y hasta se integraron por video los que están en otras partes del mundo. En la jornada en la sede de Tuqueque, brillamos por dentro, salieron hasta las pequeñas heridas que nos permiten los celos: -«¿por qué existe Teatro Naku México y no existe Teatro Naku Venezuela?»-, compartimos, reímos, lloramos. En la jornada para el público, recordamos tantas cosas, y se dijeron otras que hasta yo descubría con asombro (justo así es el recuerdo de lo pasado, cada quien tiene el poder de guardar su propia versión). Pude ver la vida pasada de Naku como un tren de alta velocidad, con la certeza de una maga. Hubo también un lindo encuentro con mis ex-compañeros de trabajo de PRODU, que agradecí tanto. Hasta la poesía vino a mi: tuve una jornada de lectura en la Librería El Buscón, donde el gran Rafael Cadenas se sentó en primera fila, y leí los últimos poemas sobre el alzheimer de mi padre, allí, con la memoria como primer plato de aquel festín. Coroné mi viaje con una semana de playa en Margarita con mi familia extendida, con Valentina Salas, mis primas adoptivas y hasta mi verdadera prima Fabiola Arias que justo coincidió por esos días a pocos kilómetros donde yo me quedaba. Todo fue prístino, perfecto, irreal. Vi cinco delfines retozando a la orilla de la playa (y yo brinqué de la felicidad como niña chiquita). Comí mejillones, ciruelas de huesito, pescado frito, ceviche, casabe, queso guayanés y queso telita, cachapas, cocadas… obvio comí arepas -pero esas nunca me han faltado-). Me sentí como Ulises regresando a Itaca, luego de su viaje, cargada de mundo. 

Y ahora, plena, entera, feliz, junto los pedazos de este rompecabezas llamado migración (que es tan diferente para cada quién). Tuve la sorpresa y la increíble sensación al pisar el suelo mexicano de sentir que llegaba a mi hogar. Eso me encantó. No sentí dolor con la partida. Sentí tanta plenitud, tanto gozo, tanta euforia de pasado, que no hubo añoranzas. Vivo la vida en un tan perfecto presente, que nada borra nada, todo cabe, todo se expresa en colores extraordinarios. Eso me encanta.

Y no puedo más que agradecer a todos mis afectos: gracias, gracias, gracias. Siento que la miel brotó a borbotones, nutriéndome tanto y también, nutriendo todo a su paso. Con tanta plenitud.

Sonia Gonzalez.

Encuentro Naku/Tuqueque
Encuentro con Laboratorio Teatral A.J.R
Encuentro en El Buscón con Katyna Henríquez.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *