“No dejes que lo que oigas se convierta en lo que pienses.” Ese es el mantra que guía al artista y realizador Noa Iimura, un joven de 29 años que creció entre Japón y Estados Unidos y decidió salir al mundo para conocerlo sin filtros. Su propósito, dice, era “probar sus propios límites y aprender sobre el mundo y sobre sí mismo”.
Ese impulso lo llevó a recorrer solo varios países de Centro y Sudamérica. Tras visitar Colombia, decidió cruzar la frontera hacia Venezuela, camino a Brasil. Lo que planeó como una estancia de un mes se transformó en seis y fue realmente la gente la que lo acogio con los brazos abiertos y le permitió quedarse más tiempo.y de esa experiencia nació Teleport to Venezuela – A 6 Month Journey in Virtual Reality, una obra inmersiva que hoy se ha convertido en un punto de encuentro entre la nostalgia, la identidad y la mirada extranjera.

Filmada con cámaras de 360°, la pieza de unos 35 minutos sumerge al espectador en paisajes, calles y rostros venezolanos, capturados durante su travesía de 2022. Iimura quiso mostrar “el país como es”, más allá de la percepción mediática que suele reducirlo a crisis o conflicto. Desde su estreno, la experiencia ha recorrido más de 40 ciudades de Estados Unidos —entre ellas Nueva York, Houston y Seattle— y ha reunido a más de 10 000 personas, muchas de ellas miembros de la diáspora venezolana.
En Doral, una de las comunidades venezolanas más grandes de Florida, el proyecto encontró un público especialmente receptivo. En el local de la cervecería Tripping Animals, Iimura fue recibido con tostones, música de la banda Rawayana y conversaciones en español. “Somos todos venezolanos… claro que nos sentimos identificados con su proyecto. Nos pega justo en el corazón”, comentó Iker Elorriaga, uno de los propietarios.
Para muchos asistentes, la experiencia fue más que una proyección: fue una reconexión emocional. Candida Gabriele, quien emigró hace 17 años, confesó que al terminar la sesión “lo primero que quise hacer fue comprar un pasaje de vuelta”. Jose Francisco Castellanos, nacido en Venezuela pero criado en EE. UU., la describió como “la oportunidad de sentirte en casa, en nuestra casa lejos de la casa”.
La muestra también inspiró un mural en Wynwood, Miami, creado por el grafitero venezolano —emigrado en 2016— donde un niño con casco de VR observa un paisaje de guacamayas, montañas y una mujer indígena con la bandera venezolana pintada en el rostro. “Queríamos representar el sentido del documental de Noa: la belleza natural, los pueblos originarios, los colores de Venezuela y de dónde venimos”, explicó el artista.
Durante el rodaje, Iimura desafió advertencias de seguridad del Departamento de Estado estadounidense, que desaconseja viajar a Venezuela. Al principio, dice, estuvo en alerta constante. Pero su percepción cambió en una playa de Patanemo, estado Carabobo, donde vio a niños corriendo y jugando junto al mar. “Fue ahí cuando me di cuenta de que tenía que mirar este país tal como es, no como me dijeron que era.”
En pantalla, Teleport to Venezuela muestra escenas de Caracas, del Salto Ángel, de Petare y de un clásico del béisbol entre los Magallanes y Leones en Valencia, al que Iimura asistió invitado por un seguidor en Instagram. En su canal de YouTube también comparte versiones extendidas de esas vivencias, como fragmentos de partidos, caminatas y conversaciones con habitantes locales.
La gira europea del proyecto continuará en los próximos meses, con presentaciones en Londres, París, Madrid, Barcelona y Lisboa. Para Iimura, sin embargo, más que un itinerario, Teleport to Venezuela es una lección de percepción: una invitación a no dejar que lo que escuchamos se convierta, sin más, en lo que pensamos.
Itinerario europeo:





