Virgilio Vivas de Sabana de Mendoza a las calles de Madrid y de ahí a la cocina de Taberna El Sur.

Cuando Virgilio Vivas aterrizó en Madrid, hace ya dos décadas, su equipaje era ligero pero su corazón venía lleno de música. Originario de Sabana de Mendoza, un pueblo trujillano, su capital era su guitarra. Las calles de la capital española se convirtieron en su primer escenario; los pasos apurados de los madrileños, su primera audiencia. Fue un músico callejero, viviendo del talento que cabía en el estuche abierto.

La supervivencia, sin embargo, exigía más. Por las noches, Vivas cambiaba la música por las bandejas, trabajando incansablemente como camarero. Pero el destino tenía otro plato fuerte para él. La hostelería, que inicialmente fue un medio, se transformó en un fin cuando decidió entrar a una escuela de cocina. Durante cuatro años, el aroma a guiso y el sonido de las sartenes reemplazaron el reverb de su guitarra.

Nace El Sur

El año 2014 marcó el hito. Con el conocimiento de la calle, la formación de la escuela, y la intuición de lo que el público realmente quería, Virgilio abrió las puertas de su primer local: Taberna El Sur.

No era un restaurante de lujos, sino un rincón sencillo y acogedor, con pósters de cine español en sus paredes. La fórmula fue un éxito inmediato. Su propuesta: cocina española sin pretensiones, bien ejecutada, y con ese toque venezolano en el servicio.

La leyenda cuenta que al principio, el propio Virgilio servía las mesas, y al terminar, tomaba su guitarra para regalar una canción a los comensales. El camarero era el dueño, y el dueño era el trovador. Este espíritu bohemio y cercano se convirtió en el ADN de El Sur.

Un Nido para Compatriotas

El éxito se multiplicó rápidamente, dando paso a Taberna Más al Sur, El Sur de Huertas y El Sur de Moratín. Pero la historia de Virgilio Vivas va más allá de un simple triunfo comercial; es una historia de solidaridad.

Con la masiva ola migratoria venezolana, Virgilio vio en sus restaurantes no solo negocios, sino un punto de apoyo. Hoy, aproximadamente el 90% de sus 58 empleados son venezolanos, muchos de ellos recién llegados, enfrentando el difícil proceso de solicitar asilo en un país nuevo.

«Mis restaurantes son una escuela,» ha dicho Vivas. Es una escuela que enseña el oficio, provee estabilidad y, quizás lo más importante, da un sentido de pertenencia a quienes han dejado todo atrás.

La Pluma y la Sartén

Virgilio Vivas ya no solo es reconocido como el exitoso empresario hostelero que ha ganado Certificados de Excelencia de TripAdvisor. Su creatividad también ha encontrado salida en la escritura. Es autor de la novela Alejandro y el Comandante, una obra que se sumerge en el drama humano de la migración venezolana.

Desde el duro trabajo como músico callejero, pasando por la cocina, hasta la gestión de una próspera cadena de tabernas, Virgilio Vivas ha hilado una vida de perseverancia y emprendimiento. Su crónica es un testimonio vibrante de cómo la guitarra puede cambiarse por una sartén, y de cómo el éxito individual puede convertirse en una mano amiga para toda una comunidad.

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