¿Qué puede decir una imagen tomada desde una celda? ¿Qué sucede cuando la cámara cambia de manos y son los reclusos quienes deciden qué ver, qué mostrar, qué narrar?
Estas preguntas articulan el poderoso libro De la LLECA al COHUE. Fotografía en penitenciarías venezolanas (Roga Ediciones, 2023), editado por la fotógrafa venezolana Violette Bule (Valencia/Venezuela, 1980)y el curador Michel Otayek (Caracas, 1977). En un artículo publicado por Trópico Absoluto, la investigadora María Teresa Boulton, analiza con profundidad esta obra, haciendo notar que no es solo una publicación, sino un acto político, artístico y humano que cuestiona el lugar del autor, del espectador y del representado.

Entre 2010 y 2012, Violette Bule ofreció talleres de fotografía en cárceles de Caracas entre 2010 y 2012. De esos encuentros —y de los vínculos que allí se tejieron— nace este libro. Lo innovador no radica únicamente en los talleres, sino en la manera en que el resultado fue devuelto al espacio público: con las imágenes tomadas por los propios reclusos, acompañadas de textos, cartas y reflexiones que invitan a mirar más allá de los muros.
De la LLECA al COHUE ofrece una mirada a las penitenciarías venezolanas, tal como las perciben las mujeres y hombres que viven en ellas.La experiencia de Bule resultó en un archivo de más de 3,000 fotografías tomadas por los participantes en los talleres, cuya asistencia fue totalmente gratuita y voluntaria.
Según Boulton, “esta selección hace la diferencia con otros trabajos realizados en las prisiones venezolanas, pues no se trata de una investigación sobre los presos, sino de cómo ellos y su entorno se perciben.” No se trata, entonces, de un reportaje ni de un ejercicio antropológico desde el exterior. Se trata de un gesto de restitución simbólica: dar la cámara al otro, y confiar en su mirada.
En el libro también aparecen cartas en una de ellas un recluso escribe: “Ojalá nos volvamos a ver para entonces contarte de mi vida en la lleca lejos del cohue.” Esta frase encapsula el significado del título y nos invita a reflexionar sobre el contraste entre la vida dentro y fuera de la prisión. La LLECA, que es el término para la calle (libertad), y el COHUE, ( hueco) la cárcel, se muestran como dos mundos entrelazados en la experiencia del prisionero. La carta expresa la distancia emocional y simbólica entre estos dos espacios, pero también la permanencia de un deseo de libertad que persiste incluso dentro del encierro.
Las imágenes, muchas de ellas enigmáticas, retratan pasillos, alambres de púas, juegos, miradas perdidas y gestos capturados sin una intención autoral evidente. No buscan “denunciar” ni “embellecer” la prisión, sino detener el instante desde el punto de vista de quien ha sido históricamente mirado, juzgado o ignorado.
El valor de este libro radica también en su diseño, el cual refleja el diálogo entre Bule y Otayek sobre el valor de la expresión creativa en situaciones de extrema adversidad. Los términos tomados del léxico carcelario venezolano —como «LLECA» y «COHUE»— resaltan el papel del lenguaje en la creación de una comunidad interna entre los reclusos. Estos términos funcionan como claves que, además de expresar la cultura carcelaria, nos permiten sumergirnos en una perspectiva más auténtica de la vida dentro de las cárceles venezolanas.
Los capítulos, nombrados con apodos carcelarios como “Chispa”, “Nécar” y “Tiburón”, son una estructura que subraya la ruptura de la narrativa tradicional. El último texto de Michel Otayek nos guía en esta producción, afirmando que el libro no tiene ninguna pretensión didáctica, sino que busca hacer justicia al “gesto de osadía” que hizo posible que estas imágenes salieran del confinamiento y llegaran al público.
En palabras de Boulton, “esto no es un libro de arte, es de comunicación, imagen, texto, historia. Es un libro abierto a todo pensamiento, muy bien hecho y pensado.” La cámara aquí no impone, libera. Y el lector, como el espectador, es invitado a reconsiderar sus propias certezas.
De la LLECA al COHUE es un documento vivo. Un testimonio coral. Una invitación a mirar donde no se suele mirar. Y, sobre todo, una apuesta radical por la dignidad del otro.
Este proyecto también ha tomado forma en la exposición Una Luz: Photography Under Confinement in Venezuela, presentada en el Visual Arts Center de la University of Texas at Austin, ( 7 de diciembre de 2024). Esta muestra articula un nuevo capítulo del archivo, con fotografías a color tomadas por los participantes en los talleres, así como imágenes en blanco y negro capturadas por Bule durante las clases.

Aunque se presentó más de una década después de los talleres originales, Una Luz adquiere una relevancia especial en el contexto actual, tanto en Venezuela como en Estados Unidos, donde los discursos sobre migración y criminalización tienden a deshumanizar. En contraste, esta exposición humaniza: nos permite ver a través de otros ojos, complejizando los relatos sobre la vida carcelaria y reivindicando la agencia de quienes han sido sistemáticamente silenciados.
No obstante, el contexto sigue siendo crucial. Las imágenes, que en su momento se mostraron dentro de las cárceles para sus propios autores, ahora circulan en un espacio artístico y académico, a una gran distancia física y simbólica de su origen. En palabras de la artista, “el proyecto no estará completo hasta que se exhiba en Venezuela.”
Más información sobre Violette Bule en www.violettebule.com y @violettebule
Sobre Michel Motayek en www.motayek.com




